lunes, 25 de marzo de 2013

La hora de romper la baraja


La tan cacareada Transición se puede resumir en una frase: las víctimas perdonaron a sus verdugos y, a cambio, estos toleraron que llegara la democracia. Las víctimas renunciaron a juzgar al stablishment de la dictadura y aceptaron pasar página. A cambio de ello, los verdugos dejarían de reprimir, torturar y de asesinar.

Es rotundamente falso que las dos partes cedieran por igual. Las víctimas tragaron con todo, incluso con un Rey impuesto por el dictador, mientras que los verdugos sólo se dedicaron a devolver parte de lo que habían robado. Y esta realidad, obviamente con matices y evoluciones, ha marcado el ritmo político durante estas décadas de democracia.

Si a alguien le parece exagerado este planteamiento, le pido que responda a una pregunta: ¿En qué ha cedido la derecha española durante estos años? Toleró la legalización de los partidos de izquierda, de los sindicatos, permitió que las distintas regiones de España recuperaran su lengua y su cultura, fue abriendo la mano sobre la discriminación de la mujer, fue permitiendo legislar sobre derechos fundamentales de las personas… En definitiva: lo único que hizo es devolver, poco a poco, lo que había robado por la fuerza: la libertad individual.

Y mientras lo hacía, la izquierda actuaba acomplejada, pidiendo casi perdón por cualquier avance que realizaba en materia de derechos y libertades. Volvamos a las preguntas simples, que suelen ser las más eficaces, para demostrar si tenemos o no razón: ¿qué ha indignado a la derecha en estos 35 años? La ley del divorcio primero, la ley del aborto, la ley que permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo, la ley de igualdad, determinados avances en la descentralización del poder… En definitiva: leyes que otorgaban derechos a las personas que querían ejercerlos.

En estas décadas, la izquierda se ha conformado con que la derecha le permitiera devolver a la gente parte de lo que era suyo; renunciando a terminar con los privilegios de la derecha por muy injustos que fueran. Por no atreverse, no se atrevió ni a impedir que siguiera habiendo en este país calles y plazas dedicadas a dictadores, fascistas y divisiones azules.

 Pese a este desigual pacto, la derecha ha decidido escudarse en la peor crisis económica de nuestra historia para conquistar más terreno. Yo diría que todo el terreno. Sin complejos están dinamitando nuestros servicios públicos. Y digo ‘nuestros’ porque ellos ni los usan ni creen en ellos. Ellos ya tenían sus clínicas y colegios privados que, de una manera u otra, también acababan recibiendo dinero público. Pero ya no se conforman con eso, ahora nos quieren privar de nuestra sanidad y nuestra educación.

Pese a este desigual pacto, la derecha ha decidido volver a quitarnos derechos que son nuestros. Recortes en la ley del aborto, eliminación de la justicia gratuita, ocupación política de los medios de comunicación públicos… son sólo algunos ejemplos de lo que están haciendo.

Pese a este desigual pacto, la derecha nos está criminalizando a todos. Los movimientos sociales críticos son terroristas, los maestros adoctrinan a sus alumnos, los médicos trabajan poco, los sindicatos deberían desaparecer…

Pese a este desigual pacto, han decidido aniquilar todo en lo que creemos.

Ante esta situación, sólo debería haber una respuesta. Ha llegado el momento de romper la baraja y decir que se acabó el juego. El partido que lo haga tendrá mi voto en las próximas elecciones. No quiero más medias tintas, no quiero programas ‘buenistas’ ni pactistas. Quiero un proyecto sin complejos que, entre otras muchas cosas, rompa algunos tabús:

-       Apuesta real por lo público. El dinero de todos sólo debe destinarse a sufragar servicios públicos.
o   Eliminación de la educación concertada
o   Suspensión definitiva de los convenios con la sanidad privada
o   Ni un euro para instituciones u organizaciones religiosas (sean de la religión que sea)

-       Derechos y libertades sin ‘peros’
o   Aborto libre y gratuito, sin excusas ni vergonzosos supuestos
o   Ley de la Memoria Histórica real. Reparación de las víctimas del franquismo. Eliminación de las calles y monumentos dedicadas a militares, políticos y sacerdotes vinculados con la dictadura.
o   Derogación de la Monarquía y proclamación de la República

-       Política económica pensando en la gente y no en los mercados
o   Impuestos elevados, progresivos y solidarios
o   Lucha contra la corrupción y el fraude fiscal
o   Nacionalización, si es necesario, de empresas y bancos que basan su negocio en la especulación y no en la generación de riqueza
o   Derogación de la reforma laboral y reparación de todos los derechos de los trabajadores
o   Autonomía respecto a la Unión Europea o, si no fuera posible, salida del Euro y construcción de un nuevo modelo económico basado en la autonomía financiera.

Y, que no nos engañen más, no se trata de planteamientos radicales. Los radicales y los intolerantes son ellos porque: yo no quiero obligar a nadie a casarse si no lo desea; ellos tratan de impedir que determinadas parejas puedan hacerlo. Yo no obligaría a nadie a abortar, ellos quieren forzar a las mujeres a tener hijos que no desean. Yo no quiero impedir a nadie que rece cuando le apetezca, ellos quieren obligar a los niños a hacerlo. Yo no quiero impedir que alguien vaya a una clínica/escuela privada si puede y quiere pagarlo; ellos buscan la desaparición de los hospitales y los colegios públicos.

No. No me he convertido en un radical de la noche a la mañana. Simplemente me he cansado de darle las gracias a los ladrones por devolverme parte de lo que me robaron. Simplemente, me he cansado de darle las gracias a los verdugos por dejarme vivir. 

martes, 12 de marzo de 2013

Nadie escribirá sobre ti porque no has muerto


Una gran periodista acaba de tirar la toalla. Otra más. Después de 23 años trabajando en la misma cadena de televisión, ha decidido que no quiere seguir adelante. No puede más. Una maldita enfermedad le ha servido de excusa para detenerse, pedir la cuenta y prometer a sus amigos que se dedicará a otra cosa a partir de ahora. Quienes la conocemos bien, creemos que su abandono obedece a otras razones: hastío, falta de reconocimiento, mediocridad y servilismo en unos jefes que piensan más en no molestar  y en ahorrar, que en contar noticias y buscar la verdad.

Ella era una periodista de otra época. Se formó en una televisión privada que nacía. Como todos los que allí estábamos, aprendió a base de errores y, también, gracias a veteranos periodistas que creían profundamente en esta profesión. Su bilingüismo le sirvió para despuntar pero (¡cuidado!) ‘de aquella manera’. Una de sus primeras y más relevantes misiones consistió en dejar su mesa de redacción para realizar la traducción simultánea de las históricas emisiones que hacía la CNN durante la primera guerra del Golfo.

En el estudio, mientras la cadena pirateaba la emisión de la CNN, Ella traducía las conexiones de Peter Arnett desde Bagdad. Los pocos ratos libres que le dejaba aquella ingrata tarea, los dedicaba a seguir traduciendo ideas, noticias y mensajes que se le escapaban a una redacción bisoña pero ansiosa de aprender y mejorar día a día.

Su esfuerzo y su talento le permitieron dar el salto para pisar el mismo terreno de aquellos corresponsales de guerra a los que comenzó traduciendo. Se adentró en Bosnia durante los años más duros del conflicto que liquidó la antigua Yugoslavia. Se jugó la vida con gusto en tierras ruandesas para denunciar uno de los peores genocidios del pasado siglo. Viajó por medio mundo narrando el sufrimiento de los que no cuentan y trató de trasmitir a sus superiores la necesidad de dedicar unos segundos más del informativo, a temas que parecían quedar muy lejos de los gustos de los telespectadores.

En unos años se ganó el respeto y la admiración de quienes han pasado media vida arrastrándose de guerra en guerra. Ramón Lobo, Ricardo Ortega, Miguel Gil, Julio Fuentes, Fran Sevilla…

“La guerra de Kosovo no interesa a nuestra audiencia” tuvo que escuchar más de una vez desde el auricular de su teléfono satélite instalado en el Grand Hotel de Pristina. No se rendía, Ella peleaba con los editores y directores de su cadena porque creía que debía hacerlo. Frente a los datos de audiencia, frente al maldito ‘share’, ella esgrimía los rostros, las historias, la tragedia cotidiana de miles y miles de personas. “Hay que contarle al mundo lo que aquí está pasando, hoy los serbios han masacrado un pequeño pueblo y yo he estado con los supervivientes” decía. “Eso pasa todos los días y ya no interesa” tenía que escuchar…

Era la doble guerra del corresponsal. La que pasa por delante de sus ojos cada día y la que después tiene que librar con los jefes que deciden desde su cómodo púlpito de Madrid si una noticia interesa o no a la gente. 

Era duro, pero eran los buenos tiempos. Una treta de última hora siempre, o casi siempre, hacía que contara con unos minutos para narrar aquello que estaba viendo. Hoy parece un sueño pero era así: los medios de comunicación mandaban a sus periodistas a los conflictos para contar con información de primera mano.

Muchos de aquellos editores y directores mediocres siguen hoy en sus puestos. Ella dejó el campo de batalla y trató de seguir aportando su experiencia y su criterio desde la redacción. Cada día se le hacían más duras las reuniones en que se decidía el guión del informativo. “¡Palestina no interesa chica!” le decían con desprecio quienes habían sido jefes con Luis Herrero, con Campo Vidal, con José Oneto, con Buruaga, con Lomana… Los ‘corchos’ (buena definición para quienes han hecho su carrera a base de pelotear a sus superiores y flotar en cualquier situación) la ninguneaban, a la vez que le pedían que hiciera un vídeo sobre las imágenes que envió Reuters en las que se veía a unos perritos ucranianos fumar tabaco de pipa.

Corina se ha ido. No ha dado un portazo sino que se ha ido cerrando la puerta educadamente. Ella es así. Jamás nadie oyó de su boca un reproche hacia sus jefes por mucho que la ningunearan y por mucho que  no le llegaran periodística y humanamente a la suela del zapato.

Espero que me perdone por dar su nombre sin haberle pedido permiso. Espero que me perdone por escribir sobre ella sin habérselo consultado. Pero creo que era justo escribir la historia de una  periodista de primera, una corresponsal de guerra sobre la que todos (‘corchos’ y directivos incluidos) habrían escrito maravillas si hubiera muerto en el campo de batalla.

jueves, 28 de febrero de 2013

¿Burka no, hábitos sí?


En este siglo XXI tan globalizado, hay pocos temas que me generen tantas contradicciones como el de la utilización de esa vestimenta espectral llamada Burka. La ventaja de ser ateo es que no tengo que demostrar mi rechazo hacia esa tradición/obligación extendida entre los musulmanes más radicales. Me gustaría que ni una sola mujer se escondiera detrás de su tupida malla, al igual que preferiría, por ejemplo, que ni mujeres ni hombres se acogieran a algo tan antinatural como es el celibato; o no ver a jóvenes de países en vías de desarrollo que han tomado los hábitos (y cubren su pelo con ellos) porque es una de las pocas puertas para escapar del hambre; o no conocer mujeres que se han dejado la vida en el enésimo parto porque su religión no les permitía utilizar preservativos para evitar un embarazo de alto riesgo.

He introducido adrede estos ejemplos sabiendo que, sin duda, escandalizarán y con razón a quienes profesan la religión católica. Estarán tan escandalizados como aquellos musulmanes que consideran el burka una vía fundamental para cumplir los dictados de su dios. Ni más ni menos.

Por suerte, las leyes no se redactan teniendo en cuenta únicamente mis deseos; ni los gustos de los católicos más fervientes; ni los de los musulmanes más radicales. Las leyes son para todos y, en mi opinión, tienen que servir para que prime la libertad individual de cada uno, siempre y cuando no interfiera en la de los demás. 

Si una mujer, quiere vestir el burka porque es profundamente religiosa,  yo no creo que la ley deba ni pueda impedírselo. Porque si se trata de poner límites, ¿quién los pone y dónde los ponemos? ¿Prohibimos el burka pero no el pañuelo islámico? Entonces, ¿qué pasa con el hábito de las monjas y, si me apuran, con el vestuario de algunos colegios religiosos que obligan a los niños a lucir modelitos que parecen diseñados por Escrivá de Balaguer? ¿Qué ocurre si, a partir de ahora, quiero salir a la calle con una careta de Mickey Mouse; me lo impedirán? ¿Qué ocurre si algún alcalde decide prohibir el uso del pelo largo porque denigra la imagen de los jóvenes? ¡Vale! Igual exagero un poco en los ejemplos, pero sólo quiero incidir en el riesgo de empezar a decidir arbitrariamente qué ‘hábitos’ están bien y cuáles están mal. 

Creo que la clave está, como siempre, en una bonita palabra que se llama libertad. Y, por ello, lo que sí debe hacer la ley es impedir que maridos, padres o hermanos obliguen a una mujer a portar el burka. El hecho de que haya casos, y claro que lamentablemente los hay, de mujeres que se ven forzadas a llevarlos, no puede resolverse con una prohibición que perjudique a la que realmente quiere vestirlo. Lo voy a decir de otra manera: yo no sabría cómo explicarle a una mujer que desea vestir el burka, que no es libre de salir a la calle con él; ¿podrían ustedes argumentárselo?

Yo no me identifico con la mujer que decide libremente ponerse un burka. No puedo hacerlo, pero respeto su decisión. Y, déjenme que les diga algo más. Respeto su decisión mucho más que la de los alcaldes que generaron esta falsa polémica. Alcaldes que trataron de sacar un puñado de votos con una medida que emana un gran tufillo xenófobo. Políticos oportunistas que vetaron el uso de una vestimenta sabiendo que en sus municipios la utilizaba una o ninguna persona (permítanme este chiste malo). 

Es libertad y tiene que ser libertad.

viernes, 19 de octubre de 2012

Miserables


Hoy es el día internacional contra el cáncer de mama. Espero que en un canal de televisión no hagan referencia a ese tema. Si leen lo que viene a continuación entenderán por qué.

He buscado en la RAE un calificativo que pueda definir a quienes son capaces de despedir a una de sus empleadas que, tras trabajar más de 20 años en la empresa, tiene un tumor en una mama y está a punto de ser operada.

He buscado en la RAE un calificativo para quienes, el mismo día, despiden a otro trabajador con similar antigüedad y que padece una dolencia provocada, precisamente, por el trabajo que ha realizado para esa empresa.

He buscado y rebuscado y no lo he encontrado.

Les voy a llamar miserables, aún siendo consciente de que el diccionario, tan sabio casi siempre, se está quedando desfasado, se está quedando sin palabras adecuadas para definir a determinados especímenes que en estos tristes días dirigen determinadas empresas e instituciones.

Lo que les cuento sucedió hace un par de semanas, en Madrid. Y lo ha realizado una subcontrata de Antena 3 Televisión. Maurizio Carlotti, Silvio González y Gloria Lomana, entre otros, con el respaldo del presidente de Planeta José Manuel Lara, decidieron hace tiempo desmantelar esta empresa. Pese a ganar millones y millones de euros se aprovecharon de resquicios legales e ilegales para despedir a centenares de trabajadores. Disponían también de millones de euros para engordar sus sueldos con cuantiosos bonus, pero no dudaron en dedicarse a despedir y a externalizar. No se salvó ni el Comité de Empresa elegido democráticamente por los trabajadores. Las leyes laborales no iban ni van con ellos. Primero se despide y si, pasados unos años, el agraviado acaba demostrando en los tribunales que se actuó ilegalmente contra él, pues se le da una mísera indemnización y a correr.

Supongo que la impunidad con que han actuado en todos estos años les anima cada día a subir un peldaño más. Pero ahora han superado todos los límites tolerables. La teórica responsable es la subcontrata llamada Central Broadcaster Media S.L. (CBM). Una empresa, como tantas otras, creada a la carta para recoger personal externalizado de Antena 3. Esta empresa incorporó a los cámaras/reporteros que trabajaban en informativos y que habían sido externalizados. Seguían trabajando para los informativos de Antena 3, viajaban a la guerra en Libia o en Siria. Pero cobraban menos de la mitad de su sueldo porque ya no eran trabajadores de Antena 3 aunque grababan todas las imágenes de sus informativos. Ahora eran parte de la plantilla de CBM, una empresa que vive por, para y a las órdenes de lo que dictan los directivos de la gran cadena de televisión.

Desde hace semanas se está produciendo una nueva sangría de despidos. Cámaras con años y años de experiencia se encuentran de golpe en la puñetera calle tras recibir en su casa un frío burofax.

Hace algunos días ese burofax llegó a casa de otros dos grandes cámaras que se encontraban de baja por enfermedad.

Ella estaba a punto de pasar por el quirófano porque le habían encontrado un tumor en una mama. Atrás quedaban más de 20 años de trabajo en Antena 3 y en la citada subcontrata. Se había jugado la vida en Irak con la misma pasión con que grababa los entrenamientos del Atlético de Madrid o un concierto en el Teatro Real. Nunca había pensado en la jornada laboral; el trabajo de un cámara acaba cuando tiene la imagen, cuando atrapa la noticia. Así pensaba y piensa ella. El día que la despidieron estaba enferma, seriamente enferma.

Él llevaba más de 25 años cargando con una cámara al hombro. Por ello su columna vertebral, como la de tantos otros reporteros, le dijo ¡basta! hace algunos meses. Ha tenido que pasar por el quirófano y llevaba a cabo una dolorosa y dura rehabilitación que seguía con tenacidad porque deseaba, cuanto antes, volver al terreno de juego. Fue el reportero que más guerras cubrió para Antena 3. Felicitado en innumerables ocasiones por obtener imágenes exclusivas, por jugarse el tipo, por hacer bien su trabajo. Era además un autodidacta y, cuando no tenía cobertura asignada, en lugar de refugiarse en el bar más cercano, se quedaba estudiando el funcionamiento de un teléfono satélite, de una videoconferencia, del último sistema de edición digital, de cualquier novedad que pudiera hacerle realizar mejor su trabajo. De nada sirvió su dedicación y su experiencia. Fue despedido estando de baja y hoy solo trata de sacar fuerzas de flaqueza para continuar su rehabilitación.

No creo que hoy, día internacional de la lucha contra el cáncer de mama, sientan remordimiento alguno. Supongo que, horas después de cometer esta hazaña, los autores intelectuales la comentarían divertidos en torno a una copa de cava y a unos suculentos canapés. Ellos son los culpables, ellos son los miserables, como también lo son determinados cargos intermedios que, estoy seguro que si leen este humilde escrito, se darán por aludidos. Porque ellos son muy conscientes de que un día decidieron aliarse con el diablo. Y saben que quien hace eso, acaba siendo peor que el propio diablo.

Miserable: mezquino, perverso, abyecto, canalla (diccionario de la R.A.E.)





sábado, 12 de mayo de 2012

Unos ‘peros’ al 15 M desde la izquierda (dedicado a Marcelino Camacho)


Raro será que un progresista escriba una línea crítica sobre el 15M en estos días de euforia colectiva. Pero, en fin, para relatar obviedades, repetir argumentos manidos y hacer nuevas amistades no habría abierto este humilde blog.

Antes de nada mi respeto y hasta mi admiración para todos los que este fin de semana han vuelto a ocupar las plazas. El 99’9 de mis amigos están entre ellos. Yo mismo, en otras circunstancias, habría sido el primero en acudir a la convocatoria.

La vida quiso que cuando surgió este movimiento ciudadano, yo estuviera ocupando la dirección de comunicación del partido gobernante. Aquellos días debatí en Twitter, en mi casa y en los bares de mi barrio con muchos de sus miembros. Estábamos a escasos días de unas elecciones autonómicas y municipales y mi único ‘pero’ a aquellas movilizaciones era claro: “espero que la única beneficiada de todo esto no sea la derecha”.

Un año después, creo que Esperanza Aguirre y el resto de los candidatos del PP que triunfaron en aquellas elecciones, habrían ganado igual con o sin 15M. La responsabilidad de aquel y el posterior triunfo de la derecha hay que buscarla en lo que hizo mal el gobierno del PSOE. En que, fuera por lo que fuera, falló a buena parte de sus electores. Ahí está la responsabilidad y no en la buena gente que ocupó las plazas. Pero aquella reflexión, aquella preocupación está en el origen de mis actuales dudas.

El 15M es bueno, claro que sí. Miles de jóvenes que hasta entonces habían pasado de la política, se han acercado a ella. Gritan consignas con las que me identifico (con casi todas) y, en cualquier caso, piden más libertad, más democracia, más participación y que los partidos dejen de ser organizaciones cerradas y opacas que sólo parecen preocuparse de los ciudadanos cuando les tienen que pedir el voto. Dicen que el sistema no les sirve, que el sistema no funciona… y yo estoy de acuerdo con ello.

Estar en la calle, reivindicar que lo imposible es posible, me fascina. Creo que llevo toda la vida haciéndolo de una u otra manera.

Pero entonces, dónde está mi ‘pero’ (y valga esta redundante redundancia). Pues en que creo que, por encima de todo, tiene que estar la ideología. Y que si gritamos lemas tan revolucionarios como para cuestionar todo el sistema, tenemos que plantear una alternativa o, al menos, un camino. El bipartidismo es malo, estoy de acuerdo, pero cuál es la alternativa. Esta democracia y este sistema no funciona, también estoy de acuerdo, pero qué hacemos, ¿la mejoramos o la destruimos? Y si la destruimos, ¿qué modelo defendemos? Muchos, probablemente la mayoría de la gente que se manifiesta en estos días tiene respuestas para estas preguntas. Pero, ¡ojo! que muchos otros no las tienen. Y el movimiento puede acabar naufragando en un mar de indefinición. 

Hace unas semanas tuve la suerte de conocer a un destacado activista del movimiento. Provocador como soy, ataqué por ese flanco, el de la ideología, el que yo considero más débil en muchos de ellos. Después de una franca y apasionante discusión me dijo dos cosas que me dejaron hondamente preocupado: primero que era falso que el movimiento fuera de izquierdas, que el concepto de conservadores  y progresistas estaba obsoleto. Y, segundo, que él mismo votó a Rosa Díez en las últimas elecciones generales para plantar cara al bipartidismo. Persona más que inteligente, se apresuró a decirme que se arrepentía de haberlo hecho, pero el conjunto de su argumentación confirmó algunos de mis temores.


Mis ‘peros’

Ahí van mi ‘peros’ que estoy seguro que cabrearán a muchos de mis amigos. Creo que tomar las plazas por tomar las plazas no sirve para nada. Sin ideología no hay nada. Sin objetivos, no hay nada. Sin alternativas, no hay nada. Sin saber quiénes son nuestros enemigos políticos no hay nada. Sólo con buenas intenciones no vamos a ninguna parte.

Por ello mi respeto, apoyo y admiración a quienes se han manifestado estos días y en las próximas elecciones votarán a Izquierda Unida, a Equo, al PSOE o al Partido Comunista de los Pueblos de España (que creo sigue existiendo). Mi respeto a los que toman las plazas y en las próximas elecciones se abstendrán ideológicamente porque militan o simpatizan con movimientos anarquistas o similares.

Y mi ‘pero’ a los que gritan consignas sin saber su significado, a quienes entran en el juego de la derecha criminalizando sindicalistas que se han dejado la vida por defender a los trabajadores, a quienes no se dan cuenta de que algunos partidos (incluído el PP y si no seguid la cuenta de Twitter del amigo Enrique Dans) tratan de utilizarles, a quienes (en definitiva) hoy están en el 15M y mañana vivirán de estos bonitos recuerdos.

PSOE Y PP la misma mierda es

Y a quienes dicen, sin matices, que PP y PSOE son la misma mierda, les pongo mi último ‘pero’. El que sin duda será más polémico porque está de moda decir lo contrario. Pues bien, yo creo que no son lo mismo y que es un gravísimo error pensar que son lo mismo.

Trabajé en el PSOE durante años. Nunca he militado ni militaré. De hecho, cuando me contrataron les advertí que durante toda mi vida había votado a Izquierda Unida. Por eso y por mi forma de ser un tanto ‘tocapelotas’, mi etapa en ese partido la viví con espíritu crítico.

Tienen muchos defectos, hay demasiada gente apalancada en sus sillones desde hace años sin pegar ni golpe y sin acordarse de la ideología que les llevó a sentarse allí (la ideología, otra vez la ideología), hay demasiada opacidad y, en definitiva, una lejanía de la calle sencillamente intolerable. No voy a seguir porque la lista sería larga (ley de memoria histórica, reforma de la Constitución, reforma laboral, complacencia con la banca…)

Ahora bien, ahí hay mucha gente honrada y con muchos años de lucha. Gente que tiene ideología. Gente que cree en lo público, que trata de plantar cara a los poderosos. Personas que creen en la igualdad, en la integración y en utilizar la política para beneficiar a los que menos tienen. Otros no, pero os aseguro que hay mucha gente así.

Como la hay en UGT, en CCOO y en la CNT. ¡Vale ya de estereotipos y de hacerle el juego a la derecha! Si hay gentuza en los sindicatos, echémosles. O montemos otro sindicato. Pero, por favor, no coincidamos en los argumentos de los telepredicadores de la caverna.

No sé a quién votaré en las próximas elecciones. Quizás recupere mi voto a Izquierda Unida, me quede en casa a conciencia (lo dudo), vote al PSOE o confíe en la buena gente de EQUO. Sí sé que, dentro de poco, me sumaré gustoso y convencido a otras movilizaciones del 15M.

Pero si de algo estoy convencido, es que seguiré siendo crítico y no me dejaré llevar por la ‘brocha gorda’. Ni siquiera por la del 15M.

No criminalizaré a gente que peleó, con aciertos y errores, por traer la libertad a este país. No haré el juego a la derecha despreciando a los sindicatos y a los partidos de izquierda porque tengan defectos, garbanzos negros y bastante mierda. Cambiemos todo lo que haya que cambiar y pidamos los imposible porque es el único camino para convertirlo en real. Pero hagámoslo con cabeza y, sobre todo, con ideología.