martes, 11 de marzo de 2014

11-M, PERIODISTAS Y MERCENARIOS

"La policía tiene claro que no ha sido ETA, pero no me dejan contarlo en antena". La confesión me la hacía un periodista especializado en tribunales durante la noche del 11 de marzo. Él trabajaba para una importante televisión privada de este país, cuya dirección de informativos, como tantas otras, se movía al ritmo perverso que le marcaban desde el Palacio de la Moncloa. Se trataba del mayor atentado de nuestra historia, se trataba de más de 190 vidas segadas por la barbarie terrorista, se trataba de centenares de heridos y de un país conmocionado ante una tragedia de proporciones desconocidas hasta ese momento. Era un acontecimiento de los que marca para siempre la personalidad de un país y de quienes lo habitan. Y así fue, esos días todos quedamos marcados para siempre.

Esos días la ciudadanía dio un ejemplo al volcarse en la solidaridad y el apoyo a las víctimas, en lugar de buscar venganza en las carnes del primer sospechoso que se cruzara por el camino. Esos días los servicios de emergencia, bomberos, policías, sanitarios y jueces estuvieron a la altura de aquel drama, dando lo mejor de sí mismos...

Pero en esos días hubo dos colectivos que pensaban en otras cosas que nada tenían que ver con los muertos y sí con sus propios intereses. Un grupo de políticos preparó una estrategia de engaño masivo sobre la autoría del atentado porque pensó que ése era el único camino para mantenerse en el poder. Y en ese repugnante recorrido le siguieron varios medios de comunicación, cuyos directivos buscaban la forma de mantener su estatus, sus privilegios y sus sueldos astronómicos. Lo más triste, para mí, no fue que esos mercenarios conocidos de la información superaran todas las barreras de la indignidad. Lo peor es que decenas... centenares de periodistas permanecieran callados, resignados a formar parte de una mentira fabricada con la sangre de 192 personas. "Tengo familia, tengo hijos, tengo una hipoteca que pagar..." fueron las excusas que algunos me dieron tras reconocer el papelón que habían jugado. Excusas baratas que, si sirvieran en este caso, también absolverían al juez que prevarica, al político que se corrompe, al narcotraficante que se enriquece, al empresario que explota, al proxeneta que esclaviza o al ciudadano de a pie que asesina a un semejante para robarle la cartera.

Sí, esos días de marzo de 2004, en mi modesta opinión, hubo centenares de periodistas que se comportaron como cómplices necesarios para que se pudiera cometer un enorme delito.

Afortunadamente hubo medios que no permitieron que se les amordazara. Hubo periodistas de a pie que se negaron a participar en el fraude. Estoy seguro de que, si no hubiera muerto en Haití cuatro días antes, uno de ellos habría sido Ricardo Ortega. Por eso en 2011, cuando me pidieron que escribiera algo sobre él para un libro que iba a publicar la Asociación de la Prensa de Madrid, imaginé lo que habría hecho Ricardo durante el 11-M. Lo reproduzco a continuación, como homenaje a uno de los mejores reporteros de la historia de este país, pero también a todos los periodistas honestos que no permitieron que les callaran aquellos fatídicos días.

NO ME CALLARÁN
¿una ficción sobre Ricardo?


El teléfono suena en la redacción. Manuel descuelga con gesto cansado. Al otro lado escucha una voz nerviosa que enseguida asocia con la pesada de María, la redactora que se encarga de la información de sucesos. “Algo gordo ha pasado en Atocha Manolo. Ha habido una explosión y parece que hay un montón de muertos”. Manuel se queda petrificado. Sus años de experiencia en diversos medios de comunicación le hacen ser cauto: “¿estás segura? A ver si va a ser como la última historia que me contaste de Vitoria. Casi hacemos el ridículo contando en un boletín especial que se había producido un atentado y resulta que se trataba de una explosión de butano”. En ese momento Manuel ve en el televisor, en el que siempre tiene sintonizado CNN+, un rótulo que le saca de la duda ”URGENTE, EXPLOTA UN TREN EN LA ESTACIÓN DE ATOCHA. SE DESCONOCE SI HAY VÍCTIMAS MORTALES”

 Es 5 de septiembre. Han pasado casi seis meses desde aquellos terribles sucesos. Pero Manuel no ha olvidado como empezó todo y, lo que más le duele, tampoco puede enterrar en su memoria los acontecimientos que se desencadenaron en la redacción a partir de la noche de esa mierda de 11 de marzo. 

La cadena de televisión en la que trabaja lleva más de doce horas emitiendo información en directo. Imágenes atroces de heridos, fallecidos, vagones desgarrados, dolor, conmoción… Está tan cansado que Manuel apenas escucha el ‘With or without you” de U2 que tiene como sintonía de su móvil personal. Son cerca de las 23 horas y no entiende por qué le llama por esa línea privada su corresponsal en Nueva York. Es, sin duda, el mejor periodista de todos los que componen su redacción. “Hola Ricardo, estupendo el directo del informativo. Cuento contigo para entrar en la ronda de corresponsales que iniciaremos poco después de medianoche, pero permanece atento porque si nos hace falta rellenar igual te pinchamos antes”. “No te llamo por eso Manolo” dice con voz nerviosa Ricardo, “aquí los medios norteamericanos están dando por hecho que el atentado puede haber sido cometido por terroristas islámicos. Lo dicen todos, la ABC, la CNN, la Fox…, todos citan fuentes del servicio de inteligencia norteamericano. Mencionan también la opción de ETA, pero dan más credibilidad a la opción de Al Qaeda o algún otro grupo radical islámico”. Manuel no se dio cuenta de que se le caía el cigarro que llevaba perennemente pegado al labio hasta que la ceniza comenzó a quemarle la mano. “No me jodas Ricardo. ¿Qué coño dices? Si aquí sólo hay una versión, y es la que todos dan por buena. Todos, todos. Policía, Gobierno, Oposición… ¿pero de dónde se han sacado esa historia?”. 

Manuel recordaba todas y cada una de las explicaciones que le dio Ricardo. Como siempre, el veterano corresponsal se había armado de argumentos antes de llamarle para, nada menos, que dibujarle un nuevo escenario del mayor atentado de la historia de España. Mientras apuraba una cerveza en la barra del ‘Vicente’, se amargaba recordando el papel que le tocó jugar y que quiso jugar en aquellas horas críticas.

“Ricardo, déjame que hable con los de arriba y que llamemos a nuestras fuentes en el Gobierno y la policía. Es muy fuerte para dar la información sin más”. Ricardo asintió al otro lado del teléfono y comentó lacónicamente: “dime algo rápido porque creo que esa debería ser la línea central de mi intervención en la ronda de corresponsales. Eso, siempre y cuando no decidas darme paso ahora para contarlo como última hora”. Ricardo no obtuvo respuesta. Manuel ya estaba dirigiéndose al despacho de ‘los de arriba’.

Lo que más le dolía era saber que él estaba ahora ahí, en ese bar de siempre, al lado de la tele. Él se tomaba la décima cerveza mientras que a Ricardo le cubrían dos palmos de tierra. ¡Manda huevos! Y es que, pese a sus encontronazos y al traumático final de su amistad, Manuel siempre había admirado a Ricardo. Era diez años mayor que él pero envidiaba su facilidad para trasmitir no sólo la información, sino una profunda carga emocional a través de la cámara. Y, sobre todo, admiraba su coraje, su valentía para defender su visión de la noticia por encima de todo y de todos. Lo hizo en muchos lugares del planeta pero Manuel siempre rememoraba con especial placer su trabajo en Chechenia y en Estados Unidos durante la guerra de Irak. Ricardo fue siempre una mosca cojonera. Sus compañeros se subían con facilidad a la versión oficial de los hechos mientras él buscaba las puertas de atrás que casi siempre le conducían a la verdad. Una verdad incómoda que le creaba enemigos y que siempre complicaba la vida de sus jefes. Aún recordaba Manuel con cierta satisfacción las innumerables llamadas del embajador ruso quejándose por el contenido y el tono ácido e incisivo de las crónicas que enviaba desde Grozni. “Es un hijo de puta” llegó a decirle un día el embajador, “está hablando de los terroristas chechenos como si fueran unos santos y unas víctimas. Está insultando al pueblo ruso y no lo vamos a tolerar”. Manuel comentó muchas veces con Ricardo estas conversaciones subidas de tono con el ‘tovarich’ embajador, apodo que le había puesto Ricardo: “Ten cuidado Richi que estos no se andan con tonterías”. Ricardo sabía bien lo que se jugaba. Era amigo de periodistas rusos que habían sido amenazados, agredidos e incluso asesinados por ser “enemigos del pueblo ruso”, es decir, por contar la verdad que el Gobierno de Putin quería ocultar a toda costa. Ricardo fue uno de los pocos periodistas internacionales que dudó de cada  versión oficial que facilitaba el Kremlin. Aunque ninguna ‘paja mental’ de Ricardo sorprendió tanto a Manuel como el día en que dudó, en una de sus crónicas, de la autoría de los atentados cometidos en Moscú por supuestos terroristas chechenos: “Manolo, esto tiene pinta de que es un trabajo de los servicios secretos. Buscan una excusa para seguir demoliendo Chechenia. Lo han hecho ellos”. Manuel atribuía osadías como esa al eterno y exacerbado espíritu crítico de Ricardo. Un espíritu tan crítico que, a veces, rozaba una aparente paranoia. Sin embargo Manuel siempre se encontraba al final con una Ana Politoskaya que se encargaba de hacerle ver que la paranoia de Richi era real y que los estúpidos eran los que, como él, se tragaban sin más la cómoda y cabal ‘versión oficial’.

“Ricardo, el Gobierno y los investigadores coinciden en que no hay ni un solo indicio que apunte a que el atentado ha sido obra de los islamistas. En la rueda de corresponsales comenta lo que dicen los medios de allí pero hazlo de pasada y sin otorgarle credibilidad. Insiste en el rollo de la resolución de condena de la ONU para ratificar que allí también se apuesta por la versión oficial”. El silencio que Manuel escuchó al otro lado del auricular se le clavó en el tímpano como un alfiler. Estaba profundamente jodido por la presión que le metían los de arriba para que controlara la lengua de Ricardo: “que no se le ocurra dar crédito a esa patraña”, “que defienda la versión oficial porque estamos hablando de un tema de Estado”, “que no se vuelva a pasar porque esta vez no se va a ir de rositas como la otra vez”.

La otra vez fue, efectivamente, la guerra de Irak. La mosca cojonera volvió a la carga cuando la realidad se empeñó en no ser cómoda. El rechazo popular a la intervención militar crecía día a día. Manuel no podía olvidar la forma en que degeneró su relación con Ricardo durante aquellos días. “Manolo, los inspectores de armamento dicen en privado que no hay ni una sola prueba de que Sadam tiene armas de destrucción masiva. Esto es un paripé para dar algo de legitimidad a la invasión”. Esa fue la primera vez que Ricardo se puso en el punto de mira de “los de arriba”. Habían tolerado sus ácidas críticas al gobierno ruso liderado primero por Boris Yeltsin y después por Vladimir Putin. Peor sentaba su fina ironía con la que ponía en evidencia la mediocridad, intolerancia y prepotencia que marcaba el mandato del presidente Bush. Sin embargo también se las acababan permitiendo porque, al fin y al cabo, el tema no afecta directamente a la política nacional. Pero Irak era otra cosa. El gobierno español estaba implicado hasta las trancas y esta televisión tenía que contribuir a neutralizar el rechazo a la intervención militar. “Ricardo ten cuidado que este es un tema muy sensible”. “No me jodas Manolo, estoy hasta las pelotas de los temas sensibles. Si quieren empezar una guerra que lo hagan, pero que no nos utilicen a nosotros para justificarla”. Manuel dio un paso hacia ese lugar que siempre llamó el lado oscuro: “Te recuerdo que nuestra línea editorial defiende esta guerra así que no te salgas del guión. Sabes que te aprecio pero esta vez te hablo muy en serio”. Manuel presentía lo que iba a pasar a continuación y no se equivocó. Ricardo siguió buscando la puerta de atrás y volvió a encontrar la verdad: “Colin Powell ha presentado una serie de fotografías borrosas de lo que dice que son laboratorios en los que Sadam fabrica sus armas químicas”. “Los inspectores de armamento piden que no se produzca la intervención militar porque no han encontrado nada que confirme la existencia de armas de destrucción masiva en Irak”. Esa vez “los de arriba” se cabrearon de verdad. Ricardo fue invitado a tomarse unas vacaciones mientras la cadena enviaba un enviado especial a Washington que no se complicara tanto la vida.

“Manolo, te advierto que esta vez no voy a irme de vacaciones. Hay doscientos muertos encima de la mesa y no me vais a callar. Si los periodistas no hacemos algo en una situación como esta ¿cuándo lo vamos a hacer? ¿Qué coño queda de nuestra profesión? ¿En qué te has convertido tío, en un puto portavoz?”. Manuel sujetaba el auricular del teléfono con tanta fuerza que el plástico llegaba a crujir de cuando en cuando. Le brillaban los ojos y tenía la garganta seca. En 25 años de profesión nunca le había ocurrido algo así. Siempre se había tragado sapos porque desde arriba le invitaban a ocultar un determinado tema o a reescribir ligeramente la realidad. Pero esta vez sabía que Ricardo tenía razón, como casi siempre. Sólo que esta vez su legitimidad era mayor que nunca. Habían pasado más de 48 horas desde los atentados. Ricardo había capeado este tiempo mordiéndose la lengua pero colando mensajes que indignaban a los de siempre. Ahora ya no es posible tragar más. Los medios de comunicación españoles habían ido variando su narración de los hechos y ya sólo los sicarios eran capaces de seguir intentando cuestionar la autoría islamista.“Ricardo yo también estoy jodido. Tienes razón. Esto es una mierda pero qué quieres que hagamos. Que nos suicidemos. Que dimitamos. Qué cojones quieres Ricardo”. 

Manuel estuvo a punto de vomitar el último trago de cerveza. Le costaba respirar. Tocaba acordarse de ese momento del que se sigue avergonzando pero que le había permitido conservar su trabajo. ¿Mereció la pena? Se lo sigue preguntando mientras se volvía a ver diciéndoles a “los de arriba” que Ricardo era incontrolable y que había decidido no permitirle volver a salir en antena hasta que pasara toda esta mierda. “Ni ahora, ni después, no volverá a salir en antena” dijeron ellos. La orden no pudo cumplirse, mientras Manuel estaba vendiendo otra vez su alma, Ricardo enviaba un comunicado de prensa  a todos los medios anunciando su dimisión y explicando los motivos de la misma. No se dejó ni un solo detalle. Durante aquellas horas, otros periodistas, pocos, plantaron cara a los comisarios políticos que controlaban sus medios. Sólo Ricardo dio un paso más. Hizo lo que había hecho siempre. Manuel lleva siempre en su bolsillo esa nota que arrancaba con un elocuente “No me callarán”.

Ricardo Ortega murió en Haití el 7 de marzo de 2004, 4 días antes de los atentados de Madrid



martes, 28 de enero de 2014

ESPAÑOLES: LA JUSTICIA HA MUERTO



Parafrasear a un Arias Navarro en blanco y negro, me parece una buena forma de titular este breve post. Y me lo parece por una razón: quienes hoy están asesinando nuestra justicia, son los herederos políticos e intelectuales del sanguinario dictador cuya muerte anunciaba, con voz quebrada, aquel rancio y enlutado presidente del gobierno. El espíritu totalitario de entonces, cobra cada vez más fuerza gracias a una generación de políticos profundamente conservadores que creen más en el derecho divino de las élites a liderar a las ignorantes masas, que en la separación de poderes y la igualdad de oportunidades. 

Uno de los mejores ejemplos de esta tozuda realidad que nos amenaza, lo encontramos en los juzgados, audiencias y tribunales de este país. Este Gobierno los ha asaltado a mano armada. Primero se ha dedicado a colocar jueces afines y serviles en todos los puestos clave. Lo ha hecho sin disimulos, con descaro... hasta el punto de situar como presidente del Tribunal Constitucional a un magistrado que, directamente, es militante del Partido Popular. 

Después ha perseguido a los jueces que no controlaba: logró inhabilitar a Garzón por destapar la red de corrupción Gürtel/Bárcenas/FinanciaciónPP y perseguir el franquismo; acaba de cargarse a Elpidio Silva por encarcelar a Blesa e indagar en los enjuagues financieros de CajaMadrid en los que aparecían los nombres de Aznar, Aguirre e Ignacio González entre otros.

Matar y torturar españoles saldrá gratis

No contento con ello, ahora dan un paso más: cambiar las leyes para que los magistrados que aún se mantienen independientes, no puedan investigar ni juzgar temas incómodos para este Gobierno. En esa línea hay que entender la reforma legal que prepara el PP y que obligará (si nadie lo remedia) al Juez Pedraz a archivar el caso abierto por el asesinato del periodista José Couso. Una reforma que también impedirá que se persiga a quienes torturaron y asesinaron a misioneros españoles en El Salvador, dejará impunes a los agentes de Pinochet que mataron a Carmelo Soria, detendrá las pesquisas abiertas por las torturas sufridas en Guantánamo por ciudadanos españoles y cerrará la puerta a investigaciones sobre genocidios y violaciones de los derechos humanos en países como China, Marruecos, Guatemala o Ruanda.  Es un golpe mortal contra el concepto de Justicia Universal, un término tan importante y tan hermoso como refleja su nombre.

El fin inconfesable pero evidente que busca el Gobierno con esta reforma, es contentar a Estados Unidos y a otros países que se veían incomodados por la eficacia de nuestra Justicia. Rajoy ha optado nuevamente por la diplomacia del servilismo, siguiendo la tradición de casi todos los presidentes españoles, llevada a la máxima expresión por Aznar y escenificada magníficamente, a golpe de genuflexión reiterativa ante el amo americano, por su ministro de Asuntos Exteriores Josep Piqué.

A muchos nos parece una reforma inmoral, indigna e 'injusta',  pero además, objetivamente, es profundamente irresponsable. Si no cambia de idea, el PP impedirá que se investigue y juzguen determinados delitos cometidos por extranjeros contra ciudadanos españoles que se produzcan fuera de nuestras fronteras. Un militar de cualquier nacionalidad extranjera que asesine a un periodista, a un cooperante o un misionero no será perseguido por nuestra 'Justicia'. Un español que sea secuestrado y/o torturado por un servicio secreto extranjero no podrá buscar amparo en nuestros tribunales. Un turista español que sufra en un viaje abusos por parte de soldados o policías, no tendrá herramientas legales para pedir que se persiga a los culpables.

La conclusión no puede ser más aterradora, y no se me ocurre otra forma de resumirla y de terminar que como empecé... parafraseando. Pero, esta vez utilizo como modelo un lema del ‘otro bando’: “militares, policías y genocidas del mundo: uníos y matar españoles”, sale gratis.



PARA MÁS INFORMACIÓN




lunes, 7 de octubre de 2013

DINERO PÚBLICO PARA SINDICATOS, ONGs Y PARTIDOS

Ya estoy en un lío. Bueno, tampoco es algo nuevo, ¡vamos con ello! Yo defiendo que se mantengan e incluso que se incrementen las subvenciones públicas a partidos políticos, sindicatos y ONGs. ¡Sí! Y voy a tratar de explicar por qué.

Es muy fácil sumarse a la corriente mayoritaria que está generando esta crisis. Todos los políticos son unos corruptos, ¡qué asco de coches oficiales!, ¿y los sindicalistas? ¡vaya sueldazos que ganan!, los diputados hasta tienen móvil e Ipad gratis. Y todo pagado con nuestro dinero… ¡Golfos, que son unos golfos!

No me voy a subir a ese carro porque sí, por cómodo que sea y por muchos fans y seguidores que pueda conseguir en Twitter, Facebook y su santa madre. Y no lo voy a hacer por dos razones: primero porque nunca he comulgado con dogmas, ya fueran rojos, azules o tono fucsia claro; y segundo, porque eso, justamente eso, es lo que quiere la derecha. En mi opinión estamos ante una de las muchas trampas ideológicas en que está cayendo la gente progresista de este país.

Las subvenciones públicas a partidos, sindicatos y ongs son un medio para garantizar la igualdad y la pluralidad. No dudo que se puede mejorar, y hay que hacerlo, la ley de financiación de partidos, la ley electoral etc. Hagámoslo para que las ayudas no se concentren en las grandes formaciones políticas. Extrememos los controles y los castigos para evitar la corrupción y garantizar la eficacia en la gestión de las administraciones públicas, de sindicatos y ONGs. Pero, no nos equivoquemos, pedir el fin de las subvenciones es tanto como dejar el terreno libre para que sólo los poderosos puedan hacer política con su apisonadora económica.

Hago un planteamiento muy sencillo para intentar reforzar mi tesis: ¿de dónde sacarán los fondos los partidos y sindicatos si se eliminan las subvenciones públicas? He escuchado mucho la respuesta facilona: “que lo saquen de los militantes”. ¡Ya! Pues, amigos, ¡estamos jodidos! Mucho me temo que los Botines, Florentinos, Amancios etc. no van a donar muchos fondos a los sindicatos y partidos que defiendan la igualdad, la solidaridad y los servicios públicos. ¿O creéis que sí? ¿Debemos crear un ‘mercado libre’ en la política para que el capital invierta en el candidato o partido que represente sus intereses? ¿Competimos los parados y obreros con nuestras ‘grandes aportaciones’ frente a los gruesos sobres que llegan desde el otro lado?

No nos equivoquemos. El argumento que utilizan quienes desean acabar con las subvenciones a partidos políticos, sindicatos y ONGs es el mismo que el que usan para desmantelar los servicios públicos. Os suena eso de que “todos los funcionarios son unos vagos”, “los profesores tienen muchos meses de vacaciones”, “hace falta privatizar, para mejorar la gestión porque lo público no funciona”… ¿Os suena verdad? Pues eso. El paso siguiente es decir que la educación y la sanidad pública, como los partidos y los sindicatos, en lugar de pagarlas entre todos, la debe financiar sólo aquel que la use. Total que Botines, Florentinos y Borbones destinarán sus fondos a la Ruber y la Quirón y nosotros al Clínico y la Paz.

Ya lo dijo Adolf

Doy un paso más en este camino (que me conduce al abismo de la impopularidad) para cuestionar otro dogma que, hoy por hoy, es incuestionable: “los políticos cobran mucho”. No dudo que hay algunos que, para lo que hacen, sí perciben demasiado sueldo. Pues la solución es fácil, ¡echémosles!, si hace falta echémosles a todos, pero no confundamos las cosas. ¿Por qué un ejecutivo, empresario o banquero puede tener un sueldo astronómico y, en cambio, un político debe ser mileurista? Respuesta facilona (otra vez): “porque a los políticos les pagamos el sueldo entre todos”. Vale amigo o amiga, pero ¿no te das cuenta de que también se lo estás pagando a los Botines y Florentinos? ¿No es más inteligente exigir a los políticos rectitud y eficacia que abogar por su desaparición o su precariedad?

Un par de preguntas ingenuas pero cuyas respuestas pueden arrojar luz al asunto ¿Por qué Cospedal en Castilla La Mancha ha eliminado el sueldo de los diputados autonómicos? ¿Lo ha hecho porque se preocupa por el dinero de los castellano-manchegos o porque sabe que ese es el camino para que sólo su élite, la que tiene recursos y sobres detrás, pueda ocupar esos puestos de responsabilidad?


Termino lanzando una alerta contra los anti-políticos en general. No me refiero a la gente de bien que desea cambios, más participación, más transparencia, más democracia… Me refiero a aquellos que criminalizan la política porque, en el fondo, sólo buscan someterla con su dinero y su poder. Nada mejor para ponerles en evidencia que citar a uno de sus maestros: “No luchamos para ganar escaños en el Parlamento, sino para poder, algún día, liberar al pueblo”… Quien dijo esta frase que tantos ‘Like’ conseguiría hoy en Facebook y tantos retuits en Twitter se llamaba Adolf Hitler.

jueves, 27 de junio de 2013

EL ‘TONTO’ DE FLORIANO



Ríos de tinta crítica se escriben sobre el vicesecretario general de Organización y Electoral del Partido Popular. Sus acrobáticas intervenciones en entrevistas y ruedas de prensa provocan el hazmerreír de unos y la ira de otros. El papelón que le está tocando jugar en la política de comunicación del PP y del Gobierno, le han valido, incluso, que el Gran Wyoming le apode como el ‘Luisma’ de la política (en referencia al ‘colgado’ personaje al que da vida Paco León en la teleserie ‘Aída').

Hay cierta unanimidad en que las intervenciones de Floriano son tan nefastas que perjudican a su propio partido. Yo discrepo profundamente de esa opinión generalizada y trataré de explicar el porqué de forma concisa.

Floriano repite el rol que antes desempeñaron Esteban González Pons o Rafael Hernando: lanzarse a los leones para evitar que éstos puedan despedazar a sus jefes.

No estamos ante un error estratégico del PP al elegir a este portavoz ocasional, sino ante una muy pensada (y en mi opinión acertada) estrategia de minimizar la sangría que le está ocasionando al Gobierno y al partido, tanto el caso Gürtel como la complicadísima situación económica que atraviesa el país.

Floriano se ‘abrasa’ diariamente para que Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría y, sobre todo, Rajoy se erosionen lo menos posible. Y lo está consiguiendo. Imagínense cómo estaría la imagen del presidente del Gobierno, ya de por sí enormemente devaluada, si cada día tratara de explicar las novedades que se van conociendo sobre las más que sospechosas cuentas de su partido. O si tuviera que opinar frecuentemente de los desatinos de ministros como Wert o Montoro.

Se nos olvida, y esa es otra prueba más del éxito del PP, que lo que vamos conociendo del caso Gürtel habría provocado la caída de cualquier Gobierno, no sólo en Europa sino en todo el mundo ‘democrático’. Rajoy y los suyos percibían sobresueldos gracias a un entramado financiero creado por el tesorero del partido. Entramado que cobraba comisiones de empresas a las que las administraciones del PP adjudicaban obra pública. Entramado que utilizaba el dinero para esos sobresueldos pero, sobre todo, para financiar la actividad política y electoral del partido. En el Gobierno hay ministros a los que ya se ha demostrado que se les pagaron viajes, regalos, fiestas etc. En la cúpula del partido hay miembros que han tenido que reconocer que se les ‘olvidó’ declarar a Hacienda préstamos que recibieron del tesorero. Hay dirigentes que han desvelado cómo Aznar autorizó desembolsos que se pagaron en efectivo. Por conseguir, el PP está consiguiendo que se nos olvide que Bárcenas no es un corrupto a secas, sino que era su TESORERO con mayúsculas. Tratan y logran hacer creer que es un caradura que se ha quedado con el dinero, cuando en realidad, resulta cada día más evidente que esos millones de euros son parte de ese entramado financiero del Partido Popular. Insisto, casi ni en un país africano podría sostenerse un Gobierno ‘pillado’ en un escándalo de esta magnitud.

Una vez tomada la decisión de mantenerse en el poder e intentar sobrevivir a Gürtel, sólo les quedaba una opción: negarlo todo, atacar a los jueces, marear la perdiz y apostar por una política de comunicación dirigida a proteger, todo lo posible, a sus máximos líderes. Una estrategia ejecutada sin pudor, cuestionable desde el punto de vista ético, pero sin duda acertada desde el punto de vista comunicacional. Floriano y otros dirigentes de nivel medio se ‘comen’ todas las ruedas de prensas comprometidas, mientras Rajoy comparece a través de un plasma, la Vicepresidenta se escuda en su perfil institucional para no contestar y Cospedal se refugia en Castilla La Mancha.

Floriano cumple su papel, y se me apuran, creo que lo hace con cierta dignidad si tenemos en cuenta las preguntas con que le toca lidiar. Miente con una sonrisa en los labios, corrige sus palabras de un día para otro, responde con un cinismo difícil de superar… pero no comete errores como el de la famosa “indemnización en diferido”. Error inexplicable ante una pregunta que Cospedal sabía que le iban a formular.

Floriano persigue dos objetivos: lanzar un mensaje que pueda ser asumido como argumento por los incondicionales del PP (y que después es repetido hasta la saciedad por los tertulianos de la órbita de Génova) y absorber en su persona las críticas y la ira del resto de los mortales.

Este legionario de la política permite con su sacrificio que Rajoy aparezca en público para dar buenas noticias y trasmitiendo de paso la imagen de que lo de Gürtel y Bárcenas no va con él. Sus asesores de comunicación lo tienen claro: mejor que critiquen al Presidente por no ofrecer ruedas de prensa que exponerle a ridículos como el que sufrió Cospedal. O dicho en otras palabras: un presidente al que algunos censuran por hablar desde un plasma, es mejor que un presidente puesto en evidencia ante todos por preguntas incómodas de imposible respuesta. Eso se lo dejan a Floriano.

Es obvio que el presidente del Gobierno cuenta con la ‘suerte’ de disponer de una enorme cantidad de medios de comunicación que comulgan y colaboran en el éxito de esta estrategia. Y no nos equivoquemos, de momento es tan acertada que el ‘parachoques’ político de Rajoy sigue siendo Floriano y no ha tenido que utilizar como parapeto ni a Cospedal ni a Soraya Sáenz de Santamaría.

Lanzo una última pregunta al aire antes de terminar: ¿se imaginan dónde estaría Rajoy si hubiera utilizado la estrategia suicida de comunicación que el Gobierno socialista usó con el presidente Zapatero? ¿Se acuerdan cuando ZP salía a pedir perdón, incluso porque una gran nevada había colapsado algunas carreteras?

Floriano nunca será cartel electoral y, por ello, su inmolación pública es un precio muy barato para el PP. Ni él es tonto, ni los estrategas de Génova se han vuelto locos situándole en primera línea del fuego mediático. Cuando se acerquen las próximas elecciones, el vicesecretario general desaparecerá del escenario. Si, hasta entonces, la oposición política sigue entrando al trapo que les pone Floriano y sigue sin cargar el insoportable peso de Gürtel en la espalda de Rajoy, estoy convencido de que la noche electoral será el 'tonto' el que se reirá de todos.





martes, 25 de junio de 2013

BARRIO SÉSAMO: 
LA COSA PRIVADA Y LA COSA PÚBLICA

Nos tratan como a niños, o mejor dicho, como a niños tontos. Lo hacen políticos y tertulianos a sueldo que repiten todo tipo de argumentos para convencernos de que los servicios públicos, si pasan a ser gestionados por empresas privadas, mejorarán su nivel y la calidad de atención al ciudadano.

Como nos tratan así, creo que lo mejor es contestarles en el mismo tono. Hablaré para niños, así que no podré mencionar a los Consejeros que fichan por las empresas a las que adjudicaron la privatización de hospitales. No podré hablar de otras empresas públicas regaladas a compañeros de pupitre para que estos, agradecieran el presente con suntuosas comisiones. No hablaré de ello ni de otros aspectos importantes del asunto porque creo que esos ‘intelectuales’ de la política y el periodismo se merecen una respuesta como ésta.

Yo fui de los que crecí con un programa de televisión llamado ‘Barrio Sésamo’ en el que cantaban ‘la canción del 7’ para que aprendiéramos los números y que nos enseñaba la diferencia entre ‘cerca’ y ‘lejos’, ‘arriba’ y ‘abajo’ o entre ‘dentro’ y ‘fuera’.

Aunque no era un programa para niños tontos, creo que ha llegado el momento de que Epi y Blas resuciten para hacer un show dedicado íntegramente a:


LO PRIVADO Y LO PÚBLICO

Queridos niños y niñas, hoy vamos a aprender la diferencia entre público y privado. Ya veréis qué bien lo pasamos.

1.- Seguro que en el parque en el que juegas hay algún banco donde se sientan tus papás. Ese banco se ha comprado con el dinero de todos, para que lo use quien quiera. Es, por tanto, un banco público, en el que todos podemos sentarnos y que debemos respetar y cuidar.
En cambio, en tu casa tienes sillas para sentarte a comer o a ver la tele. Esas sillas las ha comprado tu familia con su dinero, son vuestras y, por ello, son privadas y podéis hacer con ellas lo que os venga en gana.

2.- Pues bien, un servicio público es el que pagamos entre todos y tiene como objetivo principal el de prestar un servicio de calidad a quien quiera y necesite usarlo.
Un servicio privado es el que paga una empresa que tiene uno o varios dueños, cuyo objetivo principal es ganar dinero. Por eso prestará el servicio, pero siempre pensando en la forma de ganar más dinero.

Escucharéis a algunos mayores decir que los servicios públicos no funcionan bien y que, por eso, lo mejor es una gestión privada que resulta muchísimo más eficaz. Esos mayores no dicen la verdad amiguitos. ¿Habéis escuchado en la tele lo malos que han sido unos señores al estafar a la gente con una cosa que se llamaban ‘preferentes’? ¿Os suena un señor gordo llamado Díaz Ferrán que tenía una gran agencia de viajes y arruinó a su empresa porque era un ladrón? ¿Habéis oído que, entre todos, hemos tenido que dar dinero a los bancos porque, si no lo hacíamos, iban a cerrar y lo íbamos a pasar muy mal? Bien, pues en esos y en otros muchos casos se trata de empresas privadas muy mal gestionadas.
Así que, niños, es importante que las empresas estén bien gestionadas. Claro que sí. Pero eso no depende de que sean públicas o privadas, depende de que las dirijan personas que estén preparadas y que sean buenas.

3.- Hablemos ahora de los hospitales:
Un hospital público lo pagamos entre todos y su misión es curarte, si estás enfermo, sin que tengas que pagar por ello.
Un hospital privado es de un señor o señores que buscan ganar dinero, cuanto más mejor. Por eso si vas a él,  tienes que pagar para que te curen.

Habréis escuchado en la tele o a vuestros papás decir que, ahora, los hospitales públicos lo van a gestionar empresas privadas. Eso lo que significa es que los hospitales públicos los vamos a seguir pagando entre todos, pero el dinero va  a ir a parar a unos señores que los van a dirigir con el objetivo principal que ya sabéis: ganar todo el dinero que puedan. Si tú o tu hermanita os ponéis enfermos, podéis ir y no tendréis que pagar porque ya les hemos pagado antes entre todos. Pero los señores que los dirigen, lo que buscarán es gastar lo menos posible en vuestra curación para, así, ganar mucho más dinerito.

Para ver si habéis entendido este lío que han organizado los mayores con la Sanidad, os haré tres preguntitas: Si te pones enfermo y te tienen que hacer una prueba que cuesta mucho dinero, ¿crees que el hospital gestionado por ese señor te la hará encantado, o intentará evitar realizarla para ahorrarse unos euritos?
Si ahora un hospital tiene 300 buenos médicos que cobran su sueldo, ¿crees que el hospital gestionado por ese señor los mantendrá en sus puestos de trabajo o intentará despedir a unos cuantos para, así, ganar más dinerito? 
Si el señor que manda en el hospital tiene que elegir entre dar a los enfermos una comida que cuesta 5 euros, u otra peor que cuesta 4 ¿cuál les dará?
¡Seguro que habéis acertado todas las respuestas!


4.- Pasemos ahora a hablar del ‘cole’ donde pasa exactamente lo mismo.
Una escuela pública la pagamos entre todos y, por eso, es gratuita o muy barata. Su objetivo principal es que aprendáis mucho.
Un colegio privado es de un señor que lo tiene como negocio y, por eso, hay que pagar bastante dinero para entrar en él. El fin de este señor, ya lo sabéis, es el de ganar muchos euros. Cuanto más mejor.

Así que sólo si tus papás tienen dinero, podrás ir a un cole privado. Eso sí, tienes que saber que si un día tus papás dejan de tener dinero, el dueño del cole ya no te dejará seguir estudiando allí, aunque hayas sido muy bueno y hayas sacado una notas de rechupete.

Cuando seas mayor, si quieres ir a la Universidad podrás hacerlo sin problemas si tus papás tienen dinero. En cambio, si no lo tienen, tendrás que sacar muy buenas notas para que te den una beca. Para que lo entiendas más fácil: si tus papás tienen dinero podrás estudiar siempre, aunque suspendas o tengas que repetir algún curso. Si tus papás no tiene dinero tendrás que sacar siempre más de un 6’5 en cada asignatura.

Algunos mayores os dirán que el colegio privado tiene que ofrecer calidad en la enseñanza para que así vayan más alumnos. Eso es verdad… pero solo en parte porque, como ya hemos aprendido, su primer objetivo es ganar dinero. Y se gana dinero en Educación ofreciendo calidad pero también por otros métodos.

Imaginaos que hay padres que le dicen al dueño del cole que si no aprueba a sus hijos se los llevará a otro centro. El dueño del cole, como lo que quiere es ganar dinero, intentará que los niños no se vayan. Así que será más sensible para aprobar a esos niños. De hecho, hay papás que llevan a sus hijos a determinados colegios privados porque saben que hinchan las notas de los alumnos.


5.- Para terminar quiero hablar de los trabajadores. Porque también hay trabajadores públicos y trabajadores del sector privado.
Bien, un trabajador público es el que desempeña un empleo que nos sirve a todos. Por eso su sueldo se lo pagamos entre todos.
Un trabajador privado es el que desempeña un empleo que sirve al dueño o dueños de su empresa. Por eso son esos señores los que le pagan su sueldo
Algunos mayores tratan de convencernos de que los trabajadores públicos son unos vagos. Lo han dicho de los maestros, de los médicos y, en general de todos los funcionarios. No es verdad niños. Hay trabajadores públicos vagos, como hay trabajadores privados vagos. Hay trabajadores públicos muy buenos y trabajadores privados muy buenos.
Fijaos en un ejemplo que vais a entender muy bien. Hubo muchos trabajadores privados que vendieron a ancianitos, iguales a vuestros abuelos, esas cosas llamadas preferentes de las que hemos hablado antes. Se lo pidieron sus jefes porque querían ganar mucho dinero y ellos lo hicieron. ¿Creéis que si hubieran sido trabajadores públicos habrían participado, consciente o inconscientemente, en esa estafa?


DESPEDIDA: Hay muchos más ejemplos queridos niños. Pero la lección que habéis aprendido hoy se la podéis aplicar a todos los casos. Nos despedimos ya de vosotros aunque, tal y como está este país en el que vivís que se llama España, es posible que tengamos que volver muy pronto para explicaos alguna cosa que los mayores traten de enredar con sus mentirijillas.